Lucía Carretero, 32 años: “No siento que quiera igual a mi hijo biológico que a la bebé de acogida, pero eso no quita que la quiera con todo mi corazón”
hace 4 horas
Cuando Lucía Carretero (32 años) se convirtió en madre, algo cambió en su interior. Ella, que siempre se había definido de formas muy variadas (productora, DJ, y activista), sintió que ya no podía identificarse como nada más. Este sentimiento la llevó a tomar una decisión clave: cuando su bebé tenía apenas diez meses, ella y su pareja acogieron a una recién nacida.
Criar a dos criaturas a la vez ha revolucionado la manera en que entendían la crianza, el apego y también la despedida. En esta conversación para La Vanguardia, Lucía habla de infancia con la convicción de que hay mucho que mejorar en una sociedad “profundamente adultocéntrica” y reivindica la acogida para paliar la gran cantidad de menores que crecen sin un núcleo familiar. Según el Ministerio de Juventud e Infancia, 20.000 niños y niñas crecen en centros tutelados de nuestro país, de los cuales 1.242 tienen entre 0 y 6 años.
¿Sientes que cuando fuiste madre algo cambió para siempre?
Sí, dejas de ser una misma para convertirte en un contenedor de otra vida. Tus preocupaciones cambian, la manera en la que ves el mundo cambia. Pero creo que uno de los cambios más tangibles es la preocupación colectiva por la infancia en general. Algo que siempre digo es que ahora siento que todos los niños del mundo son mis hijos. Y es un sentimiento que otras madres también parecen compartir.
Fuiste madre biológica y, apenas diez meses después, decidisteis acoger a una recién nacida. ¿Cómo surgió la idea?
Pues, en realidad, empezamos el proceso cuando nuestro hijo biológico apenas tenía siete meses. Nos enteramos por casualidad, a través de redes sociales, de que existía la necesidad de acogimiento y, sobre todo, la necesidad urgente de acoger bebés recién nacidos para que no acabaran en instituciones. Se lo planteé a mi marido y fue un sí inmediato.
Muchas personas imaginan la acogida desde la idea de “ayudar”, pero tú hablas más bien de un impulso de cuidar. ¿En qué sentido?
Bueno, “ayudar” al final es una palabra muy general. Se puede ayudar de muchas maneras. Pero al haber sido madre recientemente, aparece una necesidad casi intrínseca de cuidar a la infancia, a mi entorno, a los hijos de mis amigas, incluso a los hijos de desconocidas. A través de haber visto, vivido y sentido lo que es dar a luz, maternar y criar a mi propio hijo, entiendo la magnitud de la necesidad de esos cuidados y lo importantes que son para un bebé o un niño.
Se puede ayudar de muchas maneras. Foto: IG/luucarretero
¿Cómo fueron los primeros meses de crianza de dos bebés?
Sinceramente, en nuestro caso fue extremadamente fácil, porque la bebé era tranquila, dormía bien desde el principio y tomó bien el biberón. Hay noches duras, donde se despiertan los dos a la vez, pero, en general, es muy manejable. Pero podría no haber sido así. Muchos de los bebés recién nacidos que entran en protección vienen con síndrome de abstinencia y presentan llantos intensos durante los primeros meses. Si nos hubiera llegado un bebé con esas características, seguramente habría sido mucho más difícil de sobrellevar.
Aún son muy pequeños, pero ¿cómo es el día a día con dos bebés?
En nuestro caso, nuestro bebé, que en ese momento tenía diez meses, estaba encantado con ella. Pasaban mucho rato mirándose: él muy curioso y ella muy dulce. Llevamos más de seis meses de acogida y todo sigue yendo bien.
¿Ha afectado a tu relación de pareja acoger a un bebé?
Para bien, muchísimo. Al final sentimos que estamos poniendo nuestro granito de arena para hacer del mundo un lugar mejor. Y también hay algo muy transformador en este espacio liminal, en este limbo de no saber cuándo se irá o cuánto tiempo estará en casa. Nos obliga a estar presentes constantemente, disfrutando el momento. Creo que, incluso con el cansancio y las frustraciones que pueden aparecer en el día a día, estamos en un muy buen momento como pareja.
Al final sentimos que estamos poniendo nuestro granito de arena para hacer del mundo un lugar mejor. Foto: IG/luucarretero
Hay una pregunta que aparece constantemente alrededor de la acogida: “¿Y luego no sufriréis cuando se vaya?”. ¿Cómo os sentís respecto a esto?
Creo que sentimos miedo al dolor, sobre todo porque será la primera vez que vivamos una despedida así. Y luego, por supuesto, está la duda de si sabremos sostener el dolor que le pueda generar a nuestro hijo. Aunque ya va entendiendo y comunicándose, no sabemos si realmente podrá comprender por qué se va y adónde, cuando llegue el momento. También nos preocupa la menor y esperamos que lleve la separación lo mejor posible.
¿Es una preocupación común en las familias de acogida?
Con la mayoría de las familias acogedoras con las que hablamos suele salir el mismo tema, y es que es una sensación agridulce: la felicidad de saber que se va, ya sea el retorno con su familia biológica, un acogimiento más permanente o una adopción, habiéndole dado todo tu amor y cuidado, mezclada con la tristeza de no estar en su día a día. Y, aun así, muchas de esas familias siguen acogiendo, lo que demuestra que el amor que tienen para dar es más grande que el miedo a sufrir.
Desde tu experiencia, ¿se quiere igual a un hijo biológico que a un niño de acogida?
Es una pregunta que me hacen mucho en redes cuando divulgo sobre acogimiento. Creo que es un intento muy humano de entender si se podrá soportar el dolor de la despedida o no. De alguna manera, cuando las familias de acogida dicen que quieren igual a un niño de acogida que a un hijo biológico, la gente puede sentir un terror absoluto ante la idea de separarse, muchas veces sin volver a tener contacto. Por eso, yo intento expresar públicamente cómo me voy sintiendo al respecto. Y es verdad que, hoy en día, no siento que quiera igual a mi hijo biológico que a la bebé de acogida, pero eso no quita que la quiera con todo mi corazón y que la proteja con todo lo que tengo.
Lo que más me impactó fue descubrir que hay casi 20.000 menores creciendo en centros de acogida sin familias referentes. Foto: IG/luucarretero
¿Por qué crees que sientes esa diferencia?
Quizá, al saber que es algo temporal, la mente pone un mecanismo de defensa para proteger al corazón. O quizá es un sentimiento que crece con el tiempo y todavía no he llegado hasta ahí.
Desde que entraste en el mundo de la acogida, dices haber tomado conciencia de lo abandonada que está la infancia. ¿Qué es lo que más te impactó?
Lo que más me impactó fue descubrir que hay casi 20.000 menores creciendo en centros de acogida sin familias referentes, sin una casa a la que llamar hogar. Se me partió el corazón y por eso empecé a divulgar sobre ello. Creo que, con lo increíbles y compasivas que podemos llegar a ser las personas en este país, si se hablara más del acogimiento, habría menos menores en instituciones y más creciendo en hogares.